el dulce final

aulachocolate en Broka

Paty Ulibarri (@aulachocolate)

Toda mi vida he sido postrera, siempre preferí la botana dulce que la salada, el gansito por encima del churrumais; así que cuando decidí tomar enserio esto de la cocinada, muchos no entendían por qué no estudié pastelería. Hoy creo que lo entiendo. Tenía que pasar por todo lo salado para valorar lo dulce. Tal y como pasa en una comida. Nunca sabrá igual el postre si antes de él no hubo algo salado.

Es un hecho, el postre es la última impresión del comensal, es la oportunidad de que la experiencia culinaria cierre con broche de oro o sea tan sólo “buena”. En el postre recae mucha responsabilidad ya que los llamados postreros esperan mucho de ese momento final y a los que no les llama la atención lo dulce, siempre acaban pidiendo una cuchara extra para probar y que no le cuenten.

Una tradición en mi familia cuando vamos a algún restaurante es que cada quién pida un postre diferente. Se prueba y se pasa, se prueba el que sigue y se vuelve a pasar, hasta que te regrese el postre que ordenaste. Al final, todos al mismo tiempo, contando hasta tres, señalamos con boca cerrada el postre que más nos gustó. Siempre, de verdad, siempre hay uno que es el ganador, el que se lleva la mayoría de votos. Y ese se queda en un lugar especial de la comida, porque se lo ganó, porque se lo merece. Es el final feliz de la película que te deja con una sensación de querer abrazar al mundo.

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